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Archive for 9 octubre 2007

San Juan a pie

Por F.F.A.

No es abrir un espacio para pro-
curar ser lo que tantos sís han callado.
El no es más fuerte que el sí y su
pronunciamiento parte de una
sabiduría, de un conocimiento
doloroso de la realidad.
(46)

Leer o releer Los pies de San Juan (Tal Cual, 2002) de Eduardo Lalo es una invitación a extrañar los hábitos de la mirada para repensar la capital de Puerto Rico. La propuesta es extrema cuando se plantea en una ciudad que veda el paso a los peatones y nos fuerza a mirar el paisaje urbano, a retazos, desde el parabrisas del automóvil. No es de extrañar, por tanto, que el libro se arme fragmentariamente y forme cúmulos narrativos abiertos que dramatizan las discontinuidades del paisaje. Fotografías, ilustraciones y textos escritos se yuxtaponen para armar un viaje, un rito de pasaje que enfrenta al narrador con su lector ideal, ese sanjuanero que “[q]uizás estas páginas le ayuden a mirar pensando, es decir, a mirar por primera vez”.(69) El objetivo de esta travesía urbana será comprender las carencias que conforman a San Juan y aceptar la desparramada ciudad como destino histórico.

Los pies de San Juan se destaca, además, por la experimentación fecunda con el lenguaje iconográfico. Éste abandona el papel tradicional –y pasivo– de proveer soporte visual al texto escrito y suple sus propias aristas narrativas. El texto escrito deviene a su vez iconográfico, no sólo por el juego con la tipografía, sino también por su disposición fragmentaria –casi de caligrama—en la página en blanco. Esta cualidad es cónsona con una escritura que se imagina arqueológica, como nos sugiere la siguiente cita: “Toda producción humana puede ser un día sujeto arqueológico. Estas páginas, que tantas veces han visto a la ciudad desde la perspectiva del salvamento, pueden también un día ser residuo, fragmento. Este es uno de los propósitos de este gesto.”(103) Esta figuración se refuerza con la noción de fotógrafo-arqueólogo que ante el estrangulamiento visual que presenta la chata arquitectura de San Juan, hace del suelo “un gran papel que alberga un texto variopinto y anónimo, verdadera crónica, acaso en ocasiones verdadera épica, de lo olvidado, de lo ‘invisible'”. (55) De hecho, esa mirada hacia abajo, hacia el suelo prima en el discurso fotográfico del texto y apoya la metáfora del título: los pies de San Juan.

Contaminación del lenguaje iconográfico con el lenguaje logocéntrico exacerba la experimentación transgenérica de Los pies de San Juan. El libro en su conjunto contiene, entre otras formas, poesía, crónica, ensayo, ficción narrativa y ensayo fotográfico. Al igual que donde (Tal Cual, 2005) del mismo autor, la textualidad es híbrida, pero contrario a éste –en que la oscuridad sirve de fondo al apalabramiento y la disquisición metaficcional—en Los pies de San Juan se experimenta con la página en blanco, con la claridad, un indicio de que el narrador busca aclarar su mirada para repensar mejor la ciudad. Si donde es el libro oscuro de Eduardo Lalo, el que ubica y desubica a Puerto Rico en la periferia de Occidente, Los pies de San Juan es su libro claro, el que posiciona a San Juan como destino histórico.

El balance final del viaje es el testimonio de la mirada de un sanjuanero que se bajó del automóvil para ser un flâneur posmilenario y decir en imágenes y palabras descarnadas la bancarrota cultural, arquitectónica y literaria de San Juan. Este gesto no entraña una actitud de desprecio, menos aún preconiza la fuga migratoria –imaginaria o real– del isleño. El texto nos previene de la inutilidad de ese escapismo con los versos de Kavafis: “No hallarás otra tierra ni otro mar / La ciudad irá en ti siempre”, pues “La vida que aquí perdiste / La has destruido en toda la tierra”. (89) Tampoco el texto se resuelve en el cinismo chic de cierta farándula literaria. En lugar de esto, el narrador termina en comunión con San Juan: “… cierro los ojos. No hay luz ni imágenes ni fronteras entre la ciudad y yo.” (107) Este momento marca una epifanía insoslayable, un re-conocimiento de la confluencia de la historia de la ciudad con la historia del narrador y, por extensión, con la del lector: “Aquí aprendiste a decir todos los nombres / No te engañes / que estas calles son tus calles”. (110)

Sin duda Los pies de San Juan de Eduardo Lalo marca un paradigma estético en la narrativa postmoderna de Puerto Rico. Abre el camino a nuevas formas de hibridez textual al tiempo que cierne la robusta voz de un escritor cuya mirada pone el ojo en la llaga de los pies de nuestra capital. Si “San Juan no existe porque no posee aún sus palabras, porque su población no tiene aún su literatura” (30), he aquí un excelente libro para comenzar a conjurar esa invisibilidad.

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